viernes, 2 de marzo de 2012


A ella le fascinan los hombres, tanto, que se los podría comer.

Era su primera expedición. Michael había estado preocupado desde Octubre por este viaje. Lo tenía todo listo, la mochila, las botas, la tienda de campaña, las provisiones, las herramientas, se despidió de su novia  y se encaminó a la casa de su jefe para partir en un bote hacia la isleta Ligarf.
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Al descender se pusieron a trabajar, el resto de los integrantes de la expedición comenzaron a desembarcar el equipaje y entre todos montaron el campamento, tres tiendas de campaña, una para cada equipo y un  laboratorio móvil. Michael y su jefe, junto con otros dos científicos, comenzaron a recolectar muestras de la tierra, de las plantas, de las rocas y del agua; Michael sabía bien que el agua era el problema, varios excursionistas habían muerto por beber el agua  y por eso habían ido a estudiarla. Hicieron numerosas pruebas, análisis y estudios, ahora solo tenían que esperar.
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Había pasado un mes y no encontraban nada raro o diferente en el agua. En la última semana, al esta explorando la zona, encontraron  una pequeña comunidad de mujeres que hablaban en un dialecto que ninguno de los investigadores conocía, lo mas aterrador de esas mujeres era que siempre estaban sonriendo. Creyeron que no representaban ningún peligro y no le dieron mayor importancia.

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Michael comenzó a notar que su jefe actuaba de manera extraña, ya no hacía las mismas bromas pesadas de antes, no se reía como antes, ya no tenía la misma intuición ni las ganas de investigar como solía hacerlo y comenzó a tener una rutina: todas las noches exactamente a las tres de la mañana salía de su tienda y no regresaba hasta el amanecer, una de esas veces, Michael decidió seguirlo. 

Salió de la tienda y trataba de no perder de vista a su jefe, después de caminar un largo rato, vio un resplandor y notó que su jefe aceleraba el paso, Michael se ocultó tras un árbol y desde ahí vio todo lo que pasaba: la líder de la comunidad de mujeres esparcía una planta echa polvo en el agua y le daba de beber de esa misma agua contaminada a todas las otras y también al jefe de Michael, justo en ese instante Michael se dio cuenta de que todos habían perdido el brillo en sus ojos y  que su cuerpo solo respondía a las ordenes de la líder. Michael decidió salir de ahí y corrió para avisarle al resto de la expedición. La líder se dio cuenta y ordenó al resto de las mujeres y al jefe de Michael perseguirlo, a lo lejos solo se oyó un grito.

     ¡Corran! gritaba Michael desesperado intentando llegar hasta el campamento.

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Cuando la segunda expedición llegó para descubrir que había pasado con la primera, la líder sonrió y comenzó a beber del agua contaminada; el que había sido jefe de Michael seguía a su servicio y la líder no podía estar más satisfecha.

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