¡No juegues con cerillos!- me dijo arrebatándome la caja, tomó bruscamente de mi mano y no notó que solo quería encender unas velas, mi casita suele ser un poco oscura, me sacó de ella y cerrando la puerta sentenció
-Mañana vendrán a tirarla, ya te lo había dicho, no entiendo por que siempre estás metida ahí jugando con insectos y cerillos.
-Pero mamá...
-Ve a tu recámara, Amada te va a cuidar.
-¿Otra vez?
-Sí, mira hija, tengo cosas que hacer, te prometo que cuando regrese te leo un cuento,
me dio un beso frío y se fue.
Promesas...
Cuentos...
Cuentos...
Promesas...
-No llores- dijo Amada -ella regresará pronto.
Me quedé esperándola y no llegó, el sueño se apoderó de mi y no llegó, luché por quedarme despierta y no llegó. No era la primera vez. Promesas.
Por supuesto que mi casita fue derribada, por supuesto que Amada se fue, ella si tenía una familia, por supuesto que la extrañé cada día, por supuesto que siguieron las promesas sin cumplir.
Cuando cumplí 18 me fui de ahí, lejos de ella, con la amenaza deque si me iba nunca podría volver, no quería volver, no podía volver. Comencé a trabajar en un pequeño restaurante , casi siempre uno o dos clientes me invitaban a salir,siempre he sido bonita, decidí aprovechar mi "buena suerte" para dejar de trabajar. En una de esas citas me invitaron a una cabaña en el bosque, él no paraba de hablar mientras se paseaba frente a la chimenea, su esposa,¡cállate!, sus hijos,¡cállate!,el trabajo, su jefe,¡cállate! su madre, su madre, ¡cállate!... sin pensarlo ni dudarlo, lo empujé dentro del fuego cerrando la rejilla para que no saliera.Nunca he sido buena escuchando. No fue la última vez, la gente suele hablar de cosas que a los demás no nos interesan.
Entré a su casa , subí a su cuarto, la vi acostada, respiraba con dificultad, supe que había estado enferma desde la última vez que la vi.
-Hija- me dijo- ¿qué haces aquí?
-Nada mamá, solo vine a despedirme- sonreí y saqué una cajita de cerillos, la misma que me había quitado tiempo atrás, su cara cambió por completo, noté el pánico en sus ojos, encendí el cerillo y lo arrojé en la alfombra... las llamas crecían rápidamente.
-¡Hija, no!- suplicaba mientras intentaba incorporarse, me di la vuelta y la dejé ahí, sus gritos se fueron apagando poco a poco. La casa comenzó a consumirse.
El fuego es una manera elegante de terminar las cosas, tal vez por eso hay tantas llamas en el infierno, ¿no lo cree, agente?
Wow! Me encanta el extremismo criminal manifestado en la pregunta al agente, y la sentencia absoluta de "Nunca he sido buena escuchando". :) Preciso, conciso. :D
ResponderEliminar