lunes, 14 de enero de 2013

Las tres rejas.
Un joven discípulo de Sócrates llega a casa de éste y le dice:
- Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
- ¡Espera! –lo interrumpe Sócrates- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
- ¿Las tres rejas?
- Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
- No. Lo oí comentar a unos vecinos.
- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
- No, en realidad, no. Al contrario...
- ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
- A decir verdad, no.
- Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.



SERÁ MI NUEVA FILOSOFÍA DE VIDA.

viernes, 2 de marzo de 2012


A ella le fascinan los hombres, tanto, que se los podría comer.

Era su primera expedición. Michael había estado preocupado desde Octubre por este viaje. Lo tenía todo listo, la mochila, las botas, la tienda de campaña, las provisiones, las herramientas, se despidió de su novia  y se encaminó a la casa de su jefe para partir en un bote hacia la isleta Ligarf.
***
Al descender se pusieron a trabajar, el resto de los integrantes de la expedición comenzaron a desembarcar el equipaje y entre todos montaron el campamento, tres tiendas de campaña, una para cada equipo y un  laboratorio móvil. Michael y su jefe, junto con otros dos científicos, comenzaron a recolectar muestras de la tierra, de las plantas, de las rocas y del agua; Michael sabía bien que el agua era el problema, varios excursionistas habían muerto por beber el agua  y por eso habían ido a estudiarla. Hicieron numerosas pruebas, análisis y estudios, ahora solo tenían que esperar.
***
Había pasado un mes y no encontraban nada raro o diferente en el agua. En la última semana, al esta explorando la zona, encontraron  una pequeña comunidad de mujeres que hablaban en un dialecto que ninguno de los investigadores conocía, lo mas aterrador de esas mujeres era que siempre estaban sonriendo. Creyeron que no representaban ningún peligro y no le dieron mayor importancia.

***
Michael comenzó a notar que su jefe actuaba de manera extraña, ya no hacía las mismas bromas pesadas de antes, no se reía como antes, ya no tenía la misma intuición ni las ganas de investigar como solía hacerlo y comenzó a tener una rutina: todas las noches exactamente a las tres de la mañana salía de su tienda y no regresaba hasta el amanecer, una de esas veces, Michael decidió seguirlo. 

Salió de la tienda y trataba de no perder de vista a su jefe, después de caminar un largo rato, vio un resplandor y notó que su jefe aceleraba el paso, Michael se ocultó tras un árbol y desde ahí vio todo lo que pasaba: la líder de la comunidad de mujeres esparcía una planta echa polvo en el agua y le daba de beber de esa misma agua contaminada a todas las otras y también al jefe de Michael, justo en ese instante Michael se dio cuenta de que todos habían perdido el brillo en sus ojos y  que su cuerpo solo respondía a las ordenes de la líder. Michael decidió salir de ahí y corrió para avisarle al resto de la expedición. La líder se dio cuenta y ordenó al resto de las mujeres y al jefe de Michael perseguirlo, a lo lejos solo se oyó un grito.

     ¡Corran! gritaba Michael desesperado intentando llegar hasta el campamento.

***
Cuando la segunda expedición llegó para descubrir que había pasado con la primera, la líder sonrió y comenzó a beber del agua contaminada; el que había sido jefe de Michael seguía a su servicio y la líder no podía estar más satisfecha.

jueves, 9 de febrero de 2012


“Nacemos, vivimos, morimos, no necesariamente en ese orden.”

Culpa.
Esa noche decidió que era lo mejor. Sólo tenía que ­terminar la botella de vodka y pasar la soga por su cuello para que todo el sufrimiento terminara, para que el corazón dejara de doler, era un plan sencillo y fácil de seguir, todo saldría bien, si es que algo así puede salir bien, solo tenía que tener valor por primera vez en su vida.

Releyó una y otra vez la nota que escribió para sus padres, no era la mejor manera de decirles todo lo que había pasado pero era la única.

Mamá y papá:
Sólo quiero pedirles perdón, estás semanas han sido difíciles, más que difíciles; ustedes no lo saben pero tengo miedo, me siento mal.
No sé como empezar, hace tres meses atropellé a una mujer, era noche, iba muy rápido, tenía que llegar a estudiar y no la vi, ¡no la vi! la atropellé; bajé temblando del coche,  quise creer que estaba bien, que solo se había lastimado un poco, pero no fue así, yo la maté. Solo recuerdo que  me subí al coche y manejé para alejarme de ahí, la dejé tirada en el pavimento, sangrando.
Cuando llegué a la casa quise decírselos, se los juro, pero no pude, esa noche no dormí, tampoco la siguiente, no he dormido desde entonces, ya no puedo con la culpa, no me deja en paz.
A la mañana siguiente del accidente, vi en las noticias que los paramédicos solo llegaron a confirmar que estaba muerta y que la policía estaba investigando el homicidio a petición de la familia; familia a la cual yo había dejado desconsolada, la mujer tenía hijos, esposo, padres, yo les arrebaté algo preciado.
Por eso decidí terminar lo que empecé mal, sé que  soy un cobarde y que estoy huyendo pero no quiero que se culpen por mi decisión, los amo y lo único que me atrevo a decirles es que estaré mejor sin culpa.
Díganle a la abuela que tuve un accidente no quiero que se entere de esto, no creo que ella pueda soportarlo, tampoco se lo digan a mis amigos, solo se sentirían culpables y no quiero eso.
Gracias por todo, los amo.
Fernando.

Dobló cuidadosamente la nota y la dejó sobre su escritorio, su cuarto se había vaciado en los últimos días, la mayoría de sus cosas las había regalado o tirado; al observar con mayor detenimiento su habitación observó todas las fotos que tenía en la pared, las caras sonrientes le hicieron recordar aquellos tiempos felices en los que no tenía que preocuparse casi de nada.

Colocó la soga en la lámpara y la contempló un largo rato, bebió de golpe lo que quedaba en la botella de vodka y comenzó a rezar un Padre Nuestro; nunca había sido religioso pero a la hora de morir siempre es bueno sentirse cerca de Dios.

Se subió a una silla y en el último momento pensó en la mujer y creyó que la vería en el más allá, si es que hay un más allá

Al dar el paso final, la soga comenzó a comprimir su tráquea provocándole asfixia, por más que intentara inhalar aire no lo conseguía, su lengua se hizo un nudo impidiendo que pudiera respirar y sus primeras vertebras se rompieron provocando la muerte inmediata, todo esto en un instante.

Su cuerpo se balanceaba casi rítmicamente, sus ojos lucían abiertos pero despreocupados, podría decirse que aliviados, sus manos estaban rígidas y comenzaban a ponerse blancas y su boca se encontraba abierta como intentando decir algo.

Unos pasos se escucharon en la escalera, alguien llamaba a la puerta: toc, toc, toc.

 Hijo, ¿puedo pasar?

viernes, 3 de febrero de 2012

Primera OBscena Teatro

se enorgullece en presentar

"M'hijo el ator"
de Mario Conde

Dirección:
Víctor Valderrey y Mario Conde

Funciones:
MARTES
21 y 28 de Febrero.
6, 13 y 20 de Marzo.

Hora:
19:00 hrs.

E N T R A D A L I B R E

Género:
Comedia

Clasificación:
B

Duración aproximada:
120 min.

SINOPSIS: Edgar es un estudiante de teatro que busca renovar la escena mexicana. Para ello se ha unido a una naciente compañía de teatro independiente, Teatro Necrófago, a cargo del Marqués, quienes pretenden sacudir los escenarios de su tiempo graias al postmodernismo escénico...
Sin embargo, durante el ensayo, hay un elemento con el que no se contaba: Normita. La madre de Edgar.
Entre ella y el resto de la familia de Edgar tratarán de apoyar lo mejor que puedan a su hijo...
¿Podrá Teatro Necrófago renovar la escena nacional a pesar de la insistente ayuda de la familia de "Chito"?... perdón, ¿de Edgar?

CON:
Meribet Cruz, Vanessa Gil, Diego Cuevas, Irakere Lima, Adrián García, Jimena Blanco, Miguel Estrada, Nayeli Reyes, Mario Conde, Eduardo Carranza, Víctor Valderrey y Alejandro Rodríguez.

martes, 24 de enero de 2012

Llamas.

¡No juegues con cerillos!- me dijo arrebatándome la caja, tomó bruscamente de mi mano y no notó que solo quería encender unas velas, mi casita suele ser un poco oscura, me sacó de ella y cerrando la puerta sentenció 
-Mañana vendrán a tirarla, ya te lo había dicho, no entiendo por que siempre estás metida ahí jugando con insectos y cerillos.
-Pero mamá...
-Ve a tu recámara, Amada te va a cuidar.
-¿Otra vez?
-Sí, mira hija, tengo cosas que hacer, te prometo que cuando regrese te leo un cuento,
me dio un beso frío y se fue.
 Promesas... 
Cuentos...
 Cuentos... 
Promesas...
-No llores- dijo Amada -ella regresará pronto.


Me quedé esperándola y no llegó, el sueño se apoderó de mi y no llegó, luché por quedarme despierta y no llegó. No era la primera vez. Promesas. 
Por supuesto que mi casita fue derribada, por supuesto que Amada se fue, ella si tenía una familia, por supuesto que la extrañé cada día, por supuesto que siguieron las promesas sin cumplir.


Cuando cumplí 18 me fui de ahí, lejos de ella, con la amenaza deque si me iba nunca podría volver, no quería volver, no podía volver. Comencé a trabajar en un pequeño restaurante , casi siempre uno o dos clientes me invitaban a salir,siempre he sido bonita, decidí aprovechar mi "buena suerte" para dejar de trabajar. En una de esas citas me invitaron a una cabaña en el bosque, él no paraba de hablar mientras se paseaba frente a la chimenea, su esposa,¡cállate!, sus hijos,¡cállate!,el trabajo, su jefe,¡cállate! su madre, su madre, ¡cállate!... sin pensarlo ni dudarlo, lo empujé dentro del fuego cerrando la rejilla para que no saliera.Nunca he sido buena escuchando. No fue la última vez, la gente suele hablar de cosas que a los demás no nos interesan.


Entré a su casa , subí a su cuarto, la vi acostada, respiraba con dificultad, supe que había estado enferma desde la última vez que la vi.
-Hija- me dijo- ¿qué haces aquí?
-Nada mamá, solo vine a despedirme- sonreí y saqué una cajita de cerillos, la misma que me había quitado tiempo atrás, su cara cambió por completo, noté el pánico en sus ojos, encendí el cerillo y lo arrojé en la alfombra... las llamas crecían rápidamente.
-¡Hija, no!- suplicaba mientras intentaba incorporarse, me di la vuelta y la dejé ahí, sus gritos se fueron apagando poco a poco. La casa comenzó a consumirse.


 El fuego es una manera elegante de terminar las cosas, tal vez por eso hay tantas llamas en el infierno, ¿no lo cree, agente?