“Nacemos, vivimos, morimos, no necesariamente
en ese orden.”
Culpa.
Esa noche decidió que era lo
mejor. Sólo tenía que terminar la botella de vodka y pasar la soga por su
cuello para que todo el sufrimiento terminara, para que el corazón dejara de
doler, era un plan sencillo y fácil de seguir, todo saldría bien, si es que
algo así puede salir bien, solo tenía que tener valor por primera vez en su
vida.
Releyó una y otra vez la nota
que escribió para sus padres, no era la mejor manera de decirles todo lo que
había pasado pero era la única.
Mamá y papá:
Sólo quiero pedirles perdón, estás semanas han sido
difíciles, más que difíciles; ustedes no lo saben pero tengo miedo, me siento
mal.
No sé como empezar, hace tres meses atropellé a una
mujer, era noche, iba muy rápido, tenía que llegar a estudiar y no la vi, ¡no
la vi! la atropellé; bajé temblando del coche,
quise creer que estaba bien, que solo se había lastimado un poco, pero
no fue así, yo la maté. Solo recuerdo que me subí al coche y manejé para alejarme de
ahí, la dejé tirada en el pavimento, sangrando.
Cuando llegué a la casa quise decírselos, se los
juro, pero no pude, esa noche no dormí, tampoco la siguiente, no he dormido
desde entonces, ya no puedo con la culpa, no me deja en paz.
A la mañana siguiente del accidente, vi en las
noticias que los paramédicos solo llegaron a confirmar que estaba muerta y que
la policía estaba investigando el homicidio a petición de la familia; familia a
la cual yo había dejado desconsolada, la mujer tenía hijos, esposo, padres, yo
les arrebaté algo preciado.
Por eso decidí terminar lo que empecé mal, sé que soy un cobarde y que estoy huyendo pero no
quiero que se culpen por mi decisión, los amo y lo único que me atrevo a
decirles es que estaré mejor sin culpa.
Díganle a la abuela que tuve un accidente no quiero
que se entere de esto, no creo que ella pueda soportarlo, tampoco se lo digan a
mis amigos, solo se sentirían culpables y no quiero eso.
Gracias por todo, los amo.
Fernando.
Dobló cuidadosamente la nota
y la dejó sobre su escritorio, su cuarto se había vaciado en los últimos días,
la mayoría de sus cosas las había regalado o tirado; al observar con mayor
detenimiento su habitación observó todas las fotos que tenía en la pared, las
caras sonrientes le hicieron recordar aquellos tiempos felices en los que no
tenía que preocuparse casi de nada.
Colocó la soga en la lámpara
y la contempló un largo rato, bebió de golpe lo que quedaba en la botella de
vodka y comenzó a rezar un Padre Nuestro; nunca había sido religioso pero a la
hora de morir siempre es bueno sentirse cerca de Dios.
Se subió a una silla y en el
último momento pensó en la mujer y creyó que la vería en el más allá, si es que
hay un más allá
Al dar el paso final, la
soga comenzó a comprimir su tráquea provocándole asfixia, por más que intentara
inhalar aire no lo conseguía, su lengua se hizo un nudo impidiendo que pudiera
respirar y sus primeras vertebras se rompieron provocando la muerte inmediata,
todo esto en un instante.
Su cuerpo se balanceaba casi
rítmicamente, sus ojos lucían abiertos pero despreocupados, podría decirse que
aliviados, sus manos estaban rígidas y comenzaban a ponerse blancas y su boca
se encontraba abierta como intentando decir algo.
Unos pasos se escucharon en
la escalera, alguien llamaba a la puerta: toc,
toc, toc.
— Hijo, ¿puedo pasar?